Por Lenin Tremont Franco
La Generación Z, esos jóvenes que hoy tienen entre 18 y 27 años, está dando una lección inesperada a la sociedad: el éxito no tiene un único camino. Mientras algunos descubren en los oficios manuales —como la mecánica, la carpintería o la soldadura— un espacio de estabilidad y realización personal, muchos otros siguen apostando por la universidad, convencidos de que la formación académica sigue siendo el mejor puente hacia el conocimiento, la investigación y la innovación.
El Monitor de Educación 2025 y varios estudios internacionales reflejan esta dualidad. En Estados Unidos, el 42% de los jóvenes de la generación Z trabaja o busca empleo en oficios técnicos; sin embargo, el número de estudiantes que ingresan a la educación superior no deja de crecer en gran parte del mundo, conscientes de que el aprendizaje universitario abre puertas a profesiones de alta especialización, a la ciencia y a la posibilidad de transformar sociedades desde el conocimiento.
No es un dilema de blanco o negro. Al contrario: lo que mueve a esta generación es la búsqueda de felicidad, autonomía y sentido. Para unos, la alegría está en un taller donde las manos se ensucian de grasa y el resultado se ve al final del día; para otros, está en un laboratorio, en una biblioteca o en una sala de conferencias, donde las ideas se transforman en proyectos y las investigaciones en soluciones concretas.
En Ecuador y Latinoamérica, miles de jóvenes siguen llegando a las universidades cada año, motivados por carreras en educación, salud, ingeniería, comunicación o ciencias sociales. Allí encuentran no solo formación profesional, sino también comunidad, oportunidades de investigación y el contacto con docentes que los acompañan en su crecimiento personal y académico. La universidad sigue siendo, para muchos, ese espacio privilegiado donde se cultivan sueños colectivos y se forja liderazgo social.
Lo más interesante es que estas rutas no se excluyen. Hoy vemos egresados universitarios que se forman en oficios complementarios para ser más versátiles, y técnicos que, con el tiempo, acceden a carreras de tercer nivel para ampliar horizontes. En ambos casos, lo que late detrás es la misma convicción: aprender siempre vale la pena.
La Generación Z nos recuerda que el futuro no está escrito en un solo guion. Puede ser un taller lleno de herramientas o una universidad vibrante de ideas. Lo importante es que cada joven encuentre el camino que le permita crecer, ser feliz y aportar a la sociedad.