Por: Dra. Nelly Hodelín Amable
Hoy, en la Mesa de Gobernanza de la Universidad Bolivariana del Ecuador, vivimos una jornada que reafirma que la escuela no solo enseña contenidos, sino que también educa emociones. El taller con los docentes de Durán giró en torno a un eje fundamental: el manejo del conflicto emocional en la realidad educativa, entendido no como un obstáculo, sino como una oportunidad para crecer juntos.
Partimos de una premisa clara: el conflicto surge cuando la realidad externa no coincide con la necesidad interior. Puede ser real, imaginario, simbólico o incluso revivido en la memoria. Comprender esta raíz permitió que los docentes reconocieran que detrás de cada conducta hay una necesidad no satisfecha y que, en la medida en que la escuela ofrezca espacios de escucha y regulación, se transforma la convivencia.
La práctica fue el corazón del taller. A través de ejemplos reales y ejercicios simbólicos, los maestros exploraron cómo activar una “emoción sostén” antes del aprendizaje, logrando un clima emocional más estable. Descubrimos juntos que esta metodología aumenta la regulación emocional, favorece la conciencia grupal, genera placer en el proceso formativo y abre la puerta a aprendizajes más profundo.
El debate fue rico y cercano: los docentes compartieron vivencias de aula que se convirtieron en material vivo para comprender que el conflicto no se evita, se gestiona. El cierre de la jornada dejó una sensación de comunidad: no estamos solos en este camino. Cada experiencia, cada anécdota, cada emoción compartida, se transforma en semilla para una educación más humana y más consciente.
Hoy Durán nos enseñó que educar con emociones no es un lujo, es una necesidad. Y la Mesa de Gobernanza sigue siendo ese puente que conecta teoría y práctica, corazón y razón, conflicto y oportunidad.
